El refugio es el pack. Uno es lo que (se) consume.


duerme piedra sobre colchón

ella llueve y es intemperie

cartas y cartón, cuestión de azar

todas las precauciones me vuelven frágil

abollado sobre caja

colchón con goteras

(serie en proceso)

Temática

El hombre contemporáneo y el consumo.

Presentar una visión personal en obras plásticas, de la consecuencia que sobre el hombre implica la práctica del consumismo capitalista. Realizar un análisis sobre el fenómeno contemporáneo del consumismo compulsivo y las implicancias en el poseyente y en lo poseído.

Procedimiento
Los trabajos surgen desde los mismos objetos que sintetizan la transformación de la subjetividad del sujeto y la objetividad del objeto. La producción se realiza desde la obra plástica para recurrir a la teoría y que ésta realice su aporte sobre lo hecho. De este modo no pierdo mi visión plástica como protagonista del proyecto y la palabra puede hacer su aporte crítico para las próximas obras.

Actualidad del tema

El hombre se ha liberado de antiguos dueños y prohibiciones totémicas. Actualmente libre de sus primitivas prohibiciones opresiones, adquiere esta otra: recurrir a los mercados como quien hecha un vistazo a la vitrina de aquel axolotl de Cortázar (Cortázar, Julio. “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj”, en Historia de cronopios y de famas. Ediciones Minotauro, Buenos Aires, 1976, pág. 28.), donde paulatinamente el espectador y el espectáculo se transmutan. En otro escrito, también Cortázar, subjetiva al objeto cuando es adquirido (precisamente obsequiado), e invierte los roles:

«...no te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj» (Cortázar, Julio. “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj”, en Historia de cronopios y de famas. Ediciones Minotauro, Buenos Aires, 1976, pág. 28.)

El trabajo propuesto consiste en esta transformación obsesiva del consumidor actual. La obsesión de comprar como gesto de libertad lo condena simultáneamente, paradójicamente, a ser preso de esta compulsión que lo expone a una insatisfacción constante.

«El deseo (...) es falta de ser» JP Sartre (Sartre, Jean-Paul. El ser y la nada. Cayfosa-Quebecor, Industria Gráfica (Barcelona) 2004, pág. 599)

El espectador se vuelve axolotl por su deseo, la compulsión de verlo y sentirlo. En el hombre que presento en la serie de packs también se manifiesta el resultado de esta compulsión, que una vez concretada se apaga, habiéndose transformado el hombre y la cosa.
El consumidor en esta etapa a adquirido propiedades de lo consumido. Nuevamente genera interés en otra cosa. Esta muerte del interés en lo que compró anteriormente es la pérdida del interés en sí mismo. Debe proyectar el objetivo en algo tangible y externo a él para apaciguarse.
Uno es lo que (se) consume. Pienso en Van Gogh comiendo sus óleos y solventes (Sartre (Op.Cit) señala, casualmente, sobre el proceso de conocimiento que “las obras francesas de epistemología pululan de metáforas alimentarias (absorción, digestión, asimilación)” y luego aclara “íntegramente digerido y, sin embargo, íntegramente afuera, indigesto como un guijarro”.)

«Si el poseyente y lo poseído están unidos por una relación interna basada en la insuficiencia de ser del para-sí, se plantea la cuestión de determinar la naturaleza y el sentido de la pareja que forman. La relación interna, siendo sintética, en efecto, opera la unificación de poseyente y poseído. Esto significa que ambos constituyen idealmente una realidad única. Poseer es unirse al objeto poseído bajo el signo de la apropiación; querer poseer es querer unirse al objeto por medio de esa relación. Así, el deseo de un objeto particular no es simple deseo de ese objeto, sino el deseo de unirse al objeto por una relación interna, de modo de constituir con él la unidad “poseyente-poseído”. El deseo de tener es, en el fondo, reductible al deseo de estar, con respecto a cierto objeto, en cierta relación de ser» Sartre (Sartre, Jean-Paul. Op.cit. pág. 612)

La síntesis o reducción puede verse en distintas circunstancias, tanto en la soledad del hombre consumista circunscrito en su cama pack, como en la soledad del vagabundo en su refugio de packing que él y la sociedad consumen.
El packing envolvió algo de valor. Luego es basura. La basura nos envuelve. Así nos sentimos.
Somos lo que consumimos. Queremos comulgar con la sociedad. Comer lo mismo que los demás, que las publicidades nos digan qué nos corresponde consumir según la identidad que pretendemos construir y vincularnos con pares con los cuales poder compartir el target.

Empecé unas obras que presentan al hombre como una figura sola, sobre un soporte-contenedor que no suprime la soledad y la fragilidad. La figura del hombre interactúa y se involucra en el objeto pero no pierde, al menos para el ojo atento, su condición sensible. No se cosifica.
El soporte es el elemento determinante (el contenedor de cartón), el paradigma. El hombre ya no es el hacedor-creador, no pone las pautas de la obra, sino que juega con lo dado. En su rol de consumidor. Es un hacedor-de-basura.
Así la cosa es su universo, su mikrocosmos.

El hombre se empaqueta, usé la cama como su paquete real. En el reposo se reconcilia con lo que es de modo intrínseco, desnudo en la oscuridad y en el silencio que lo hace sentirse y oirse, recobrar la conciencia de sí mismo. Pesar su propio contenido neto.

«...de puro mostrarse abiertos al mundo y la vida al hombre mediocre, se le ha cerrado a éste el alma.» Ortega y Gasset, José. La rebelión de las masas, Cayfosa-Quebecor, Industria Gráfica (Barcelona) 2004, pág. 109

Franco Durante 2007